Entrada 3: Lo que comí en mi primer día con Saxenda
Hoy comencé oficialmente mi tratamiento con Saxenda, y una de mis principales preocupaciones era la alimentación. Tenía miedo de sentirme mal, con náuseas, o incluso vomitar, como había visto en varios videos. Pero también sabía que una alimentación equilibrada y frecuente podía ayudar a evitar esos efectos secundarios.
Así que seguí el consejo de mi colega y amiga, que me recomendó comer algo cada tres horas, aunque fuera poco, y tomar mucha agua. Y así organicé mi día:
Desayuno – 08:00 hrs
Después de aplicarme la primera dosis de Saxenda, me tomé unos mates y me preparé dos huevos al agua. Solo comí las claras (las yemas no me apetecían), y con eso quedé increíblemente satisfecha. Fue sorprendente cómo con tan poco me sentí llena.
Media mañana – 10:00 hrs
Comí un pequeño puñado de nueces (unos 15 gramos). Nada más. Acompañé con agua y té. No sentí malestar alguno.
Almuerzo – 14:45 hrs
Fui al casino de la universidad y pedí el menú hipocalórico. Me sirvieron:
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Un plato de ensalada (lechuga, espinaca, coliflor)
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Un trozo de carne de vacuno
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Una taza de sopa natural de vacuno
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Un vaso de agua
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Y como postre, tutifruti (que no toqué)
Comencé por la ensalada, pero al segundo bocado ya me sentía llena. Entonces recordé que debía priorizar la proteína, así que seguí con la carne, masticando muy bien cada trozo, como me habían sugerido. Fue la primera vez en mucho tiempo que comí lento y con atención. No terminé ni la ensalada ni la sopa. Me sentí tan llena que no pude ni tomar el agua.
Merienda – 19:00 hrs
Ya en casa, me comí un cuarto de pechuga de pollo (una mitad cortada por la mitad), acompañado de un yogurt alto en proteínas sin azúcar (11 g de proteína). De nuevo, quedé completamente satisfecha.
Colación noche – 21:00 hrs
Como última comida del día, tomé tres galletas de soda con quesillo light (30 g aprox.). Fue algo liviano, pero me ayudó a cerrar el día sin sensación de vacío ni ansiedad.
Balance del día:
Me sorprende cómo comí poco, pero no pasé hambre. Me sentí saciada con menos comida de lo habitual, comí más despacio y por primera vez en mucho tiempo, escuché a mi cuerpo.
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