Entrada 2: Primer día con Saxenda
Entrada 2: Primer día con Saxenda
Hoy fue mi primer día con Saxenda.
Me desperté temprano, aunque ya hace frío en Santiago. Me di una ducha y, mientras se calentaba el agua, pensaba en todo lo que había leído y visto sobre los posibles efectos secundarios: náuseas, ganas de vomitar, malestar. Tenía miedo de no poder ni tomar un mate, así que decidí ponerme la inyección justo después del baño, acompañada de un par de mates calentitos, como si eso pudiera darme seguridad.
Vi tres videos antes de aplicármela, solo para estar segura. Me tranquilizó saber que no era tan difícil. Hay un paso que solo se hace la primera vez que se usa cada lápiz: una pequeña descarga para asegurar que el líquido sale bien. Se pone la aguja, se lleva el lápiz a los dos puntos, se presiona el botón… y listo. Después de eso, se puede aplicar la dosis indicada.
Mi nutrióloga me recomendó empezar con 0.6 mg diarios durante todo el primer mes. Y aquí estoy, aplicándome la primera dosis, con un poco de nervio, pero también con determinación. Con el diámetro de mi cintura, honestamente, no fue difícil encontrar dónde pinchar. Agarré mi rollo, y zas. La aguja entró y… ni la sentí.
Mi colega y amiga, quien me recomendó este tratamiento, me dio dos consejos clave: comer cada tres horas aunque fuera poquito y tomar mucha agua. Según ella, eso ayudaría a evitar las náuseas y los vómitos. Así que después de la inyección, me preparé dos huevos al agua. Solo comí las claras y, con muy poco, ya me sentí satisfecha. A media mañana comí unas nueces. Nada de malestar. Tomé té y agua durante la mañana, y como era viernes, me tocó hacer clases de 11 a 14 horas.
Al salir, decidí comprar almuerzo en el casino de la universidad. Pregunté si podía comprar solo la sopa y el plato de fondo, pero me salía más caro que el menú completo. Así que pedí el menú hipocalórico: ensalada con lechuga, espinaca y coliflor, un trozo de carne de vacuno, sopa natural de vacuno, una porción de tutifruti y un vaso de agua.
Estaba nerviosa, lo admito. No quería tener una descompensación o vomitar en plena universidad, donde trabajo. Empecé por la ensalada, algo que suelo hacer incluso sin esta medicación. Pero al segundo bocado me sentí completamente llena. Entonces recordé lo que me dijo mi colega: siempre hay que priorizar la proteína. Así que dejé la ensalada de lado y comencé a comer la carne, masticando cada bocado con atención, como también me sugirió.
Eso es algo que casi nunca hago. Yo no mastico, yo trato la comida como trámite. Pero hoy me lo tomé con calma. A mitad del trozo de carne, ya no podía más. Me sentía increíblemente satisfecha. Aun así, me obligué a tomar la sopa, comí la mitad de la ensalada y toda la carne. Me tomó mucho tiempo, mucho más del que acostumbro, y no pude continuar ni con el agua, ni con el resto de las ensaladas, ni mucho menos con el postre.
Con algo de vergüenza, fui a dejar la bandeja con comida sin terminar. Abandoné la universidad con una sensación extraña: estaba repleta, como si hubiera comido un gran banquete, pero sin náuseas ni vómitos. Sentía que podía venir un eructo en cualquier momento, pero no pasó nada más.
Tomé el metro y decidí bajarme en el supermercado. Compré unos sachets de yogurt alto en proteínas y sin azúcar. Cuando llegué a casa, me tomé uno cerca de las 5 p.m. (había almorzado a las 14:45). Fue suficiente.
Hoy fue un día diferente. Un día en el que comí menos, más lento y más consciente, y mi cuerpo respondió de una forma que no conocía. Me siento sorprendida… y en paz.
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